Se había dado cuenta de que no era la única. Estar sola no era un problema para ella por sus rarezas, sino por ella misma.

Quizá nos enseñan -y aprendemos, la responsabilidad es de todos- que el éxito es estar con gente. Pareja, muchos amigos, más compañeros, pertenecer a varios grupos. Muchas cosas, vaya.

Pero, ¿qué pasa cuando estamos a solas? Que si en esa situación tenemos mucho, suelen ser fantasmas, y parece que los propios son tan vistosos y tan llamativos que todos los pueden ver. Es más, se girarán para verlos.
Y para estar así, llamando la atención debe ser mejor irse. A estar sola, pero sin espectadores. ¡Ay! Con lo que te apetecía ese café junto a la ventana.

La gente está bien, es necesaria. Pero creo que nosotros más. Al menos a ratitos tendría que serlo. Entonces, quizá descubramos que esos demonios que nos persiguen hacen tanto ruido porque creen que es su única oportunidad para decirte algo.

Así que te propongo que un día que te sientas charlatán y no estés con nadie más que contigo, quites un casco de tu oído y te pares a ver que te dice.
Las siguientes veces, si la conversación fue profunda, el café, ese paseo sin ir a ningún lado concreto o esa comida en solitario en sitio público o en el resguardo de tu hogar, será mucho más tranquila. Los fantasmas perderán color. Puede que ni aparezcan.
Simplemente estarás, con todo pero sin nadie al lado.

Preferir pasar nuestro tiempo en compañía, sea del tipo que sea, está bien. Pero no debemos olvidar parar a saludarnos de vez en cuando.

Aprender a estar a solas, sin que ello signifique que lo estemos.

Sara Carballal



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