Déjeme contarle, señora, que una vez fui importante. No importante como la gente es importante para la gente, sino solo importante, que es distinto. Uno lo sabe porque las cosas importantes solo se descubre que lo son cuando pasa el tiempo, a veces años y casi siempre muchos. Entonces uno se acuerda y se da cuenta de que una vez fue importante, y mire que le digo importante, importante de los de escaño, y tribuna, y parlamento, y todo de verdad. Lo cierto es que no recuerda uno cuántos años tenía entonces, que siempre son pocos para las muchas cosas y demasiados para las pocas, pero uno supone que tendría la edad de los de alrededor. Uno recuerda ese día porque era por la mañana, y también sábado, que cuando uno es importante un sábado por la mañana lo es para toda la vida y eso se nota después, la gente cree que no pero sí. A la gente le gusta ser importante, eso es algo que se nota, pero sobre todo le gusta la gente que lo es y por eso se arrima, que a veces es otra forma de ser importante, rara pero lo es. Pero no, no es eso lo que le decía.

Sepa que esto no se lo cuento por capricho, que bien sé que usted es de aldea y lo importante que es la gente es algo que se usa ahí para abonar, sino porque me acordé hace unos días y me gustó recordar de cuando fui importante. Era sábado, le decía, y por la mañana, y hacía sol, como estaba mandado que así fuese. No sé qué opinará usted, pero uno cree que es importante cuando recuerda el primer día que fue al cine y se acuerda de la platea, que era ese parlamento que le mencionaba, y de la butaca, que era ese escaño del que le hablaba. Los sábados por la mañana no se limpiaba la última función de los viernes y se encontraban cosas allí, que es también lo que uno recuerda de su primera vez, y de cómo la luz se apagaba y uno creía que era para siempre. Y el silencio, claro. Era la primera vez que uno sabía lo que era la primera vez de algo, tal eran las cosas antes, cuando al cine se iba a rezar en voz baja para que no lo mataran a él, ni la descubrieran a ella; la fe de los cines era una fe poderosa y eso también era importante porque se cumplía lo que se pedía; luego descubres que tal vez fuese por otros motivos pero ya no importaba tanto, y al terminar abandonábamos la sala como como quien vuelve de dejar a un puñado de amigos en un cementerio.

Cuando uno recuerda la primera vez que fue a un cine sabe que una vez, ese día, fue importante. La prueba es que ese día no es importante para nadie más, solo para uno. Uno recuerda ese día y la resaca de aquel momento llega hasta hoy, y sabe que todo es luz cuando se apaga, y virutas de humo en la luz de la proyección, y todo es pantalla. Solo cuando uno recuerda que fue importante comprende que la palabra Fin significa Principio en todos las lenguas que uno no aprenderá.

Pues bien, esto era lo que quería contarle, señora, y no sabe uno cómo hacerlo bien porque cuando la pantalla se volvía blanca uno levantaba la mano para hacer sombra, o puede que para atrapar algo que quedara allí, que es casi lo mismo, y otros hacían sombras, algunas muy buenas, y uno cree hoy que esas sombras se quedaron en la película que vimos, y que cuando alguien vuelva a verla verá, al final, esas mismas sombras y mi mano abierta moviéndose por la pantalla en blanco. Uno cree estas cosas y por eso sabe que ese día uno fue importante, y que lo que otros llaman vida algunos lo llaman resaca que dura desde esa mañana, aunque uno cree que esto es un poco exagerado, bonito pero exagerado, pero también son exagerados sus ojos,y colocar un mechón detrás de la oreja, y ya ve.

Hoy, por suerte para todos, todo el mundo es importante y eso hace que las cosas sean más fáciles; la gente es importante a todas horas, ella misma lo dice, y uno se alegra, y no creo que no quede nadie que no sea importante, y todo lo que hace y dice es importante y da mucha tranquilidad y sosiego.

Y sin embargo uno algunas veces pierde el apetito y no puede dormir, y sueña que viaja en una de esas butacas. O no.

Iván Robledo Ray

Cartas a esta señora

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