Miguel Roca i Junyent
Autores Conversaciones para tiempos de hoy El espíritu de la Transición José Antonio Hernández de la Moya José Francisco Adserias Vistué Literatura Magazine Opinión Redactores Relatos Breves

Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición

«Estábamos dando respuesta a una larga historia de nuestro país para entendernos; lo intentamos y salió».

Miquel Roca i Junyent es uno de los siete Padres de la Constitución española de 1978; por lo tanto, memoria viva de la Transición. Su lección magistral, “La Transición Española”, que tuvo la gentileza de impartir el 7 de octubre en la sala principal del Goethe-Institut Madrid, dentro del marco del Curso Superior de Talento y Liderazgo Político, nos confirmó que estamos ante una persona que, superando la cota 80 de la montaña de su vida, sigue “llevando el Estado en la cabeza”.

Cuando escucho a alguna de estas personalidades tan vitales y brillantes, artífices del proceso político español desde la dictadura a la democracia, suelo hacerme la siguiente reflexión personal: Si esta persona, ya en el atardecer de su vida, sigue desplegando una inteligencia agudísima, un juicio maduro y una memoria segurísima, no nos puede resultar extraño que durante el convulso periodo de la Transición política española fuera capaz de sobreponerse con determinación y altura de miras a los innumerables desafíos que tuvo que afrontar. 

Miguel Roca 2 - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín

Miquel Roca —una de esas personalidades vitales, brillantes y altura de miras a las que me he referido en el párrafo anterior— comenzó su intervención dejando las cosas claras, declarando que: «A mi edad, hoy y aquí, yo estoy para defender la Constitución, que nadie espere otra cosa». Además, salió al paso de cierto pensamiento político y social del momento presente que atribuye muchos de nuestros males a la Constitución del 78. Expresamente sentenció: “Ninguno de los problemas que hoy se plantean tiene su origen o su causa en la Constitución”. 

Creo que no le falta razón a este Padre de la Constitución —el que nos queda, por cierto en estos momentos, junto con Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón— porque conviene recordar que los siete redactores de la misma —Gabriel Cisneros, Manuel Fraga Iribarne, Gregorio Peces-Barba, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez-LLorca, Miquel Roca y Jordi Solé Tura— provenían de diferentes partidos, reflejando fielmente la pluralidad política de España durante la Transición. Siete prohombres de Estado que, en expresión de Miquel Roca, tenían la firme voluntad de que «aquello funcionase».

Miguel Roca Portada 1 - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín

Miquel Roca nos habló también de la importancia de la libertad y la peligrosidad de la polarización, a la cual, «Se llega en muchas ocasiones por pobreza argumental, siendo un gran enemigo para España, que no nos conviene»

Quiero ver en esta apreciación de Miquel Roca una advertencia en contra de la llamada “cultura de la polémica”, instalada actualmente en España y en el mundo. Una cultura que se manifiesta en: los discursos políticos y sociales radicalizados que escuchamos; la falta de consenso sobre asuntos públicos esenciales; la pérdida de confianza en nuestras instituciones, incluida la que proviene de las comunidades de expertos; el disenso sobre la verdad y sobre los procedimientos de verificación; la proliferación de realidades alternativas y “fake news”; o la de los imaginarios sectarios basados en visiones míticas. Una “cultura del enfrentamiento” que, no solo es observable en la vida política del país, sino que, tristemente, se ha instalado en las familias, en los centros de trabajo y en nuestros círculos de amigos y allegados. Una nefasta filosofía del “divide y vencerás” que extiende sus nefastos tentáculos para enfrentar como nunca a dos facciones de la sociedad, resucitando eso que se ha venido en llamar “Las dos Españas”. Ahora bien, como muy acertadamente nos ha indicado Miquel Roca, los problemas que hoy se plantean no tienen su origen o su causa en la Constitución del 78. Muy al contrario, precisamente los valores éticos, políticos y sociales que inspiraron la Transición española, pueden servirnos de guía para afrontar los numerosos desencuentros que hoy tenemos.

Miguel Roca Collage b - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín

Me parece que fue Manuel Fraga Iribarne, figura clave de la Transición y otro de los padres de la Constitución designado por el partido Alianza Popular (AP), quien afirmó que en política, «Todo es manifiestamente mejorable», una acertada expresión de enfoque pragmático para indicarnos que siempre hay espacio para mejorar en la gestión y la toma de decisiones relacionadas con las cuestiones públicas. En este mismo sentido, el propio Miquel Roca afirmó durante su clase magistral que, «La Constitución del 78, que tuvo un apoyo del noventa por ciento de los votos, puede reformarse y cambiarse, pero para ello lo más importante es que sea fruto de un gran consenso». 

Efectivamente, nuestra Constitución del 78 puede y debe reformarse para adaptarse a los nuevos tiempos y requerimientos de la sociedad del siglo XXI; ahora bien, ha de hacerse de un modo pacífico, ordenado y fruto de un gran consenso (o de acuerdo, si se prefiere). Y es que, como señaló Miquel Roca durante su clase magistral, en la que hizo un recorrido impecable, medido y riguroso sobre los pilares esenciales de la Transición española y de la Constitución Española de 1978: «No tiene sentido que unos pocos puedan reformar la Constitución pura y simplemente desde ópticas muy minoritarias o sesgadas que no respondan a las bases de la convivencia».

¡Concordia y consenso, esta es la clave! Dos palabras mágicas que hicieron posible lo imposible. Dos términos que definen perfectamente lo que fue ese gran proceso histórico de cambio político conocido como “La Transición”. 

Miguel Roca Transicion b - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín
Los Pactos de La Moncloa es un documento de 44 folios que se firmó en La Moncloa a las 14:15 horas del 25 de octubre de 1977 sobre medidas económicas fue firmado por diez personas. En primer lugar, el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y después por este orden por: Felipe González (PSOE), Joan Reventós (Partit Socialista de Catalunya), Josep María Triginer (Federación Catalana del PSOE), Manuel Fraga (Alianza Popular), Enrique Tierno (Partido Socialista Popular), Juan Ajuriaguerra (PNV), Miquel RocaLeopoldo Calvo Sotelo (UCD) y Santiago Carrillo (PCE). Vía RTVE.

A la concordia me referí en mi anterior artículo LECCIÓN MAGISTRAL SOBRE EL ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN, con motivo de la lección magistral que impartió hace un par de semanas sobre los gobiernos de Adolfo Suárez y Calvo Sotelo, Rafael Arias Salgado, otra gran memoria viva de la Transición, en el Goethe-Institut Madrid. Ahora lo haré brevemente con respecto a la de consenso.

Abordé en profundidad con Alejandro Tabernero Santiago, un hombre de mundo, viajado, cosmopolita, muy interesante y con un gran bagaje cultural la cuestión del consenso en una conversación para la serie “el espíritu de la Transición” titulada LA GENERACIÓN DEL CONSENSO. Considera que la Transición política española es un periodo vertiginoso de la Historia de España comprendido entre el 20 de diciembre de 1973 —atentado del Almirante Carrero Blanco— y el 28 de octubre de 1982 —histórica victoria electoral del PSOE— durante la cual se produjo en España la mayor ruptura generacional. Además, me comentó plenamente convencido: «¡Somos hijos de la Transición! Una Transición que nos ha dado un “training” flexible. La palabra de moda por entonces era “consenso”».

¡Sí, consenso! Desconozco quién comenzó a utilizarla por primera vez durante la Transición convirtiéndola, como me comentó Alejandro Tabernero, en la palabra de moda. Lo que sí sé es que la palabra “consenso” no es ningún neologismo, pues procede del latín “consensus”, con el significado de acuerdo, concordia, unanimidad. 

Miguel Roca Referendum 78 b - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín

Tengo el convencimiento de que aquellos hombres y mujeres que pilotaron magistralmente el viaje desde la Dictadura de Franco hasta el actual modelo democrático, sabían muy bien que los conflictos no son la excepción sino la regla. Que la naturaleza humana lleva implícita siempre necesidades e intereses contrapuestos, pero que pueden ser conciliados mediante una herramienta poderosa: la negociación, el acuerdo, el consenso. 

También que aquellos hombres y mujeres de la Transición, protagonistas del histórico cambio político, sabían muy bien que detrás de las posturas opuestas residen casi siempre intereses compatibles; que una buena negociación se debe centrar en los intereses básicos, en opciones mutuamente satisfactorias y en valores objetivos; que negociar supone empatizar («la primera obligación de un buen negociador —escribió el filósofo inglés Samuel Taylor Coleridge— es convencer a sus oponentes de que entiende sus argumentos»); y, finalmente, que aplicando todas estos fundamentos de la negociación profesional obtendrían con seguridad un acuerdo sabio, definitivo y plenamente satisfactorio. 

Hoy, con la perspectiva que nos da el tiempo, podemos afirmar que aquellos hombres y mujeres de la Transición fueron unos grandes campeones de la negociación, del acuerdo y del consenso. ¡De la auténtica negociación! De la negociación de verdad que nada tiene que ver con lo de que “hay que tener cintura política para llegar a conseguir buenos acuerdos”. La primera se basa en valores profundos; la segunda, en subterfugios y componendas; la primera en acuerdos con luces largas; la segunda con luces cortas. De ahí que, Miquel Roca, afirmara acertadamente durante su lección magistral que «Estábamos dando respuesta a una larga historia de nuestro país para entendernos; lo intentamos y salió».

La Transición política española, como ya he escrito en otros artículos, se ha analizado desde diferentes prismas. El autor de “Siete caras de la Transición”, Juan Antonio Tirado Ruiz que, desde el año 1998 ha venido prestado sus servicios como informador en el emblemático programa Informe Semanal, para el que ha elaborado incontables reportajes, y por los que ha obtenidos diversos premios y reconocimientos, lo ha hecho a través de siete figuras; para él «Siete naipes flamantes que compusieron y bailaron la música del cambio desde el alféizar del barroco». 

En nuestra conversación para la serie sobre “El espíritu de la Transición” que quedó plasmada en el artículo-ensayo SIETE CARAS DE LA TRANSICIÓN me explicó con un lenguaje literario —Juan Antonio Tirado, además de un excelente periodista también lo es como escritor— que, «La leyenda de la Inmaculada Transición se pareció a un barranco en el que los ciudadanos no sabíamos si gateábamos hacia la salida o hacia el fondo»; y que, «Me acosté de niño franquista y por la mañana me levanté adolescente demócrata y rebelde, sin llegar a irado».

Siete caras de la Transicion b - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín

No debería producirnos sonrojo el hablar de leyenda o gesta colectiva para referirnos a la Transición. Yo creo, como muchos, que La Transición fue una gran gesta: la gesta de la libertad, la igualdad, y el pluralismo político. Y esto en medio de una impresionante crisis económica, incontables huelgas, el brutal terrorismo tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, así como el constante y amenazante ruido de sables.

Sí, en efecto, la Transición fue una gran gesta o, si se prefiere, obra colectiva. El insigne jurista, Francisco Tomás y Valiente, trágicamente asesinado por ETA el 14 de febrero de 1996  en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid donde ejercía como catedrático, escribió que, «Recordemos la Transición como una obra colectiva, como algo que nos une, cuando todo o casi todo parece enfrentamos como si no tuviéramos raíces comunes».

Conjunto In Memoriam 2 - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín

Tuve el privilegio de mantener una bella y profunda conversación sobre la Transición española  y la figura de Tomás y Valiente DESDE EL TEMPLO DE LA INTELIGENCIA con Ana Caro Muñoz —actualmente coordinadora de programas de la Universidad Autónoma de Madrid—, en un banco junto al conjunto escultórico  “In Memoriam”, en la calle de Francisco Tomás y Valiente, del Campus de Cantoblanco de esta prestigiosa universidad. 

Recuerdo que, tras guardar unos instantes de silencio para reverenciar su figura y herencia ética y moral, me confesó que conversar en este lugar, dedicado a un hombre que encarnó y sigue encarnando los preciados valores de la convivencia, la paz y la libertad, tenía un profundo significado para ella, desde un punto de vista moral y emocional.

Al preguntarle  por algún acontecimiento histórico o personal con el que relacionaba la Transición me comentó: «Yo, que, por aquella época estaba avanzando en mi carrera de Derecho, vengo relacionando la Transición con un momento en que nuestro país cambiaba a pasos agigantados y el mundo nos veía con una moderna línea de AVE cruzando nuestro territorio, uniendo la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona».

Por su parte, Juan Manuel del Valle Pascual, componente del emblemático grupo musical “Vino Tinto” que lanzó en 1976 “Habla, pueblo, habla”, una canción muy significativa, grabada profundamente en el imaginario colectivo de los españoles, y ligada ya a la historia política y social de España como himno representativo de la voz popular, junto con Libertad sin ira”, de Jarcha, ha afirmado que, «La Transición ha sido para mí uno de los momentos más fructíferos de la historia de España».

En mi artículo-ensayo HABLA, PUEBLO, HABLA para la serie “El espíritu de la Transición”, Juan Manuel del Valle me explicó también que La Transición fue «un tiempo en el que prevaleció la necesidad de entenderse sobre la de disentir; de escuchar y comprender al adversario; en que las discordias no llegaron a mayores por el valor humano de los personajes que la hicieron posible; por comprender las ideas de los demás, por saber que los maximalismos son un error; y que, juntos, se construye mejor que en solitario».

Vino Tinto Jarcha b - Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición - Acalanda Magacín
VINO TINTO (Arriba) y JARCHA (Abajo)

Comparto totalmente la afirmación de Juan Manuel del Valle de que «las discordias no llegaron a mayores por el valor humano de los personajes que la hicieron posible». Uno de estos personajes de gran valor humano fue Miquel Roca i Junyent, con el que hemos disfrutado y aprendido con su clase magistral sobre la Transición Política Española. Un hombre —como ha señalado la Presidenta del Instituto del Liderazgo Político, María Dolores de Cospedal— con una brillante trayectoria, no sólo en el mundo político, sino también en el del derecho y la abogacía. 

Solemos decir que “la experiencia es un grado” para significar que la experiencia adquirida otorga sabiduría, conocimiento y autoridad. Por ello, la afirmación contenida en el alegato final de Miquel Roca de que «Tenemos que redescubrir nuestras estrellas en el horizonte» no es un brindis al sol ni una bella frase poética, sino un nutritivo alimento para aumentar nuestra autoestima nacional; asimismo, también lo es su total confianza en la capacidad de los españoles para reconducir y superar los importantes desafíos que tenemos en este momento.

José Antonio Hernández de la Moya y José Francisco Adserias Vistué en EL ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN.

Muchas gracias por acompañarnos. Acceso a las conversaciones.


Descubre más desde Acalanda Magacín

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

0 comments on “Miquel Roca, Memoria Viva de la Transición

Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Acalanda Magacín

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo