Francisco F. Micol

Los géneros narrativos. La novela

De carácter abierto, destaca su capacidad para contener elementos diversos en un relato complejo. Permite integrar personajes disímiles que se confrontan en líneas subordinadas o directas, logrando una escenografía sobradamente amplia y densa para lograr su paralelismo con la realidad. Surgen, pues, historias cruzadas, a veces supeditadas unas a otras, presenta hechos en un orden distinto en el que se produjeron, y admite incluir textos de diferente naturaleza entre ellos, tales como cartas, leyendas, poemas, canciones, citas, refranes, y todo esto otorga a la novela una mayor pluralidad que los géneros predecesores.

Por definición, novela es una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

Este género ha sido empleado desde los inicios en la narrativa por el ser humano a fin de contrastar (o subrayar) la realidad cotidiana en base a un escenario más específico que permite el análisis de la condición humana; son temas para su estudio como el amor, la guerra, los complejos sentimientos, las emociones, el comportamiento dual entre la individualidad y el contexto social al cual todos pertenecemos.

Pero la realidad, desde el punto de vista ontológico, no obedece a un escenario infinito donde suceden hechos a veces inimaginables. Los autores, al igual que hace el microbiólogo, aíslan un problema colectivo y lo trasladan a un espacio (caja de Petri) determinado para someterlo a diversas inflexiones que, por lo general, no se dan en los contextos verídicos.

La verdad sólo es un pre conocimiento del acervo social donde aceptamos costumbres, tradiciones, hábitos y todo lo que implica la imprescindible aquiescencia para una saludable armonía sociológica. Todo lance, por ende, tiene muchas variables desconocidas, siempre prejuzgadas por nuestra tradición, esa que se inicia en el ámbito familiar.

Ilustración de “El Quijote” por Gustav Doré

No se narran mentiras, en suma. Al contrario, se efectúan confrontaciones desde diversos puntos de vista para ampliar la perspectiva del tema sobre el que se trabaja. La novela es análoga a una sinfonía musical. Vemos mucha diversidad de personajes pero siempre circundando un tema principal que por norma establece diversos contrapuntos con otros que lo modulan y distorsionan.

De alguna manera, siempre subconsciente, el autor denuncia un problema social y lo traslada al individuo. Este fenómeno tiene un mérito encomiable, pues así conocemos cómo afecta la sociedad al sujeto, entendiendo que la propia historia no admite engaños ni adulteraciones. La narrativa goza, desde sus albores, de una honestidad superlativa, pues la opinión del autor, aunque pueda parecer algo utópico, también se confronta con la trama que los personajes desarrollan por sí mismos.

Tolstoi hablaba de una guerra (o batalla) entre él y sus personajes, y confesaba verse más como espectador que otra cosa. Pío Baroja decía escribir sin plan, pues era esclavo de los sentimientos tan contradictorios que manifestaban sus protagonistas. Trasladando la cosa al escenario, esto se concreta en la obra del genial dramaturgo Luigi Pirandello, intitulada: Sei personaggi in cerca d’autore (Seis personajes en busca de autor).

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Ralkolnikov y Marmeladov, protagonistas de “Crimen y Castigo”.

De manera, y esto puede resultar desconcertante, que el escritor se erige como un director de orquesta, canjeando la batuta por el lápiz. Su trabajo versa en equilibrar la trama siempre en función de los personajes que cobran autonomía y hasta independencia sobre el hecho o los hechos planteados. La idea original, aunque parezca lo contrario, no se concibe como tal, en absoluto. Dostoyevski sentía mucha inquietud por ver cómo los jóvenes de su época abusaban del alcohol. El inmortal autor moscovita lamentaba los estragos que la bebida causaba en este sector de la sociedad (nada hay nuevo bajo el sol, démonos cuenta), y se propuso emprender un borrador que intituló, inicialmente, como Los borrachos. Tres siglos después que Cervantes emprendiera una denuncia contra los libros de caballería, Dostoyevski lo hacía con la bebida entre la juventud. Pero, ya consabido por todos, la trama cobró su propio camino y hoy es conocida como Crimen y castigo.

En virtud de los innumerables temas que suscitan inquietud a un autor, la novela se presenta con una extensión muy flexible, dando esto lugar a tipificaciones diversas. Desde la novela breve hasta aquellas de vasta envergadura donde la ramificación engloba un contexto muy amplio con subdivisiones y esquemas que surgen como por arte de magia.

El género se alimenta de porciones más pequeñas que van atesorando contrapuntos deliciosos, siempre apoyando el eje central de la temática abordada. Es importante asumir la excelsa complejidad de esta narrativa, sin que ello implique un inicial rehúse por parte de los autores noveles cuando resuelven emprender una historia más allá del relato o el cuento.

La novela, en sus muy diversas estructuras y dimensiones, ofrece un mundo fascinante tanto al autor como a los futuros lectores de la misma. Siempre hay una lección sorprendente en cada libro, inesperada, capaz de cambiarnos la vida y nuestra manera de mirar la sociedad donde vivimos. Los personajes llegan a cobrar un realismo tal que enseguida nos identificamos, silenciosa y herméticamente, con ellos, llegando a ponderar sus acciones y por ende el mensaje que la historia nos transmite.

Comportamientos emotivos, debilidades que se atenúan o exaltan, criterios confrontados, pensamientos divergentes a los de la propia trama, actos de adjetivación dudosa o imposible, sentimientos tristes, figuras taciturnas, la imagen que vamos obteniendo de cada personaje en escenarios múltiples y extraños, todo ello para profundizar como nunca en la dicotomía que representamos cotidianamente.

Y así, cada lector es un protagonista y toda persona aparece, al menos emocional o sensitivamente, representada en la historia.

La novela constituye el vértice del género narrativo, una puerta a otra dimensión tan entrañable como misteriosa, repleta de tintes que abarcan todos los sentimientos, oscuros y turbios a veces, otras comunes y grisáceos.

En pleno siglo XXI, por suerte, el género ha cobrado dimensiones maravillosas, logrando crear universos más allá de lo previsto o imaginado. Pero, y desde siempre, la novela ha expuesto una sociedad que no por ser reconocida resulta ajena a nosotros mismos. Y esto, sin duda, nos hace regresar a las grandes obras del ayer para conjugarlas con las del presente.

Como bien dice Juan Carlos Onetti, todos somos personajes de una historia, la nuestra, esa que protagonizamos a diario y con frecuencia sin saberlo.

Francisco F. Micol

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