“La muerte en Venecia” y su reprochable interpretación

Thomas Mann, (Lübeck, Imperio alemán, 6 de junio de 1875 – Zúrich, Suiza, 12 de agosto de 1955), ha sido mal, pésimamente interpretado, por esa ralea de pseudointelectuales que nunca supieron filosofía ni desde luego literatura. Para consuelo del tropezón, Mann no será el único en la Historia de la narrativa que sufre las deplorables consecuencias de una voz imbécil alentando a otras más estúpidas todavía.

Der Tod in Venedig (“La muerte en Venecia”), es una novela breve escrita por Mann en 1912. Dado su matiz de nouvelle, la lectura se realiza con excesiva facilidad, dejando los complejos resortes de la misma a una dudosa censura por parte de los necios lectores y no mucho después a la repugnante voz de críticos que fracasaron como autores.

Mann, ya digo, no será el único, por desgracia, malinterpretado por los colectivos que presumen de conocer su obra y hasta el perfil psicológico del genial autor. Sigue leyendo “La muerte en Venecia” y su reprochable interpretación

Literatura: poesía, narrativa y dramaturgia

Segregar los tres pilares de la literatura ha sido un error inenarrable. Es algo análogo a quitarle las patas a una mesa, los cimientos a un edificio o las piernas a una persona. Tres campos íntimamente unidos que constituyen el total de la invención escrita.

Para un porcentaje muy elevado de personas, la poética implica connotaciones cursis, de extrema sentimentalidad, siempre teñidas con lágrimas y anhelos imposibles cuya temática es el desamor, la muerte de un ser querido o la nostalgia por el tiempo pasado.

El siglo XXI se caracteriza, primordialmente, por un desdeño inculto hacia todo lo que nos ha traído a nuestro hoy. Ignorar el pasado implica desconocer dónde nos encontramos y cuál es nuestro futuro. El acervo cultural no puede ignorarse ya que sin raíces estamos perdidos, desamparados, errabundos y sumidos en un desconcierto apabullante.

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El español allende nuestra frontera

El español se define como una lengua romance que se habla en España, gran parte de América, Filipinas, Guinea Ecuatorial y otros lugares del mundo.

Debemos asumir el hecho de que nuestra Lengua no es precisamente coloquial, ni siquiera exclusivamente patriótica. Los llamados hispanohablantes han alzado nuestro idioma a niveles inimaginables, esparciéndolo por todo el mundo y aportando una lexicografía encomiable que muchos, desde luego necios, se niegan a aceptar.

Merced a los medios de comunicación, tenemos constancia de los infinitos matices que se agrupan en nuestra Lengua a fecha del presente, engrosando su dinámica en todos los ámbitos posibles: lenguaje usual, culto, rabanero, literario, cinematográfico, poético y desde luego filosófico.

Ya no alcanza, para quienes deseen conocer en profundidad nuestro idioma, con ceñirnos al habla propiamente española en todas las regiones de nuestra Península. El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) no se forja, a Dios gracias, únicamente en España. Tenemos Academias de la Lengua en los siguientes países: Colombia, Argentina, Chile, Paraguay, Perú, Estados Unidos, México, Ecuador, Guatemala, Panamá, República Dominicana, Honduras, Puerto Rico, Costa Rica, Nueva York, Chicago, Boston, Denver y El Salvador.

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Los sirvientes de la cibernética

El progreso siempre resulta sugerente, no lo vamos a negar. De alumbrarnos con velas, candiles y quinqués, a disfrutar de la lámpara incandescente, y luego los tubos con gases, como el neón, hasta llegar a los diodos emisores de luz, lo último de nuestro presente.

Las mejoras en cualquier ámbito empiezan a ser necesidad y no precisamente un capricho o un lujo. Todo ello al servicio de nuestras necesidades, se comprende. En una reflexión más profunda, podemos observar cómo la cibernética (control y comunicación en el animal y en la máquina) empaña nuestro día a día muy peligrosamente.

De la comodidad al ocio pasivo hay un largo trecho, el mismo que existe entre la creación y el aniquilamiento de toda idea. Las máquinas no pueden pensar, tengámoslo en cuenta. Y mucho menos inventar. El término proviene del francés y a su vez del inglés, aunque su raíz nace del griego y significa, literalmente, arte de gobernar una nave. Sigue leyendo Los sirvientes de la cibernética

Las figuras literarias

El lenguaje, tanto escrito como hablado, no es un proceso matemático, en absoluto. Las palabras, aisladamente, gozan de una condición léxica que oscila a tenor de su contexto semántico. La estructura de la Lengua es, sobre todo en español, maravillosa, aunque no por ello resulte fácil o accesible, sobre todo cuando se comienza a usar en las primeras fases del aprendizaje.

Las formas no convencionales de utilizar las palabras con particularidades fónicas, gramaticales o semánticas, alejándose de su empleo habitual, terminan por resultar esencialmente expresivas. Por ello su empleo es característico de las obras literarias, aunque en modo alguno exclusivo de las mismas. Me refiero, precisamente, a las denominadas figuras literarias.

Coloquialmente reciben los nombres de recursos literarios, estilísticos, retóricos o expresivos. También el de figuras retóricas o de discurso.

Siendo la retórica esa disciplina transversal a distintos campos de conocimiento, ésta se encarga de estudiar y sistematizar procedimientos y técnicas para la utilización del lenguaje con una finalidad persuasiva o meramente estética, aunando su cometido para la comunicación.

Divididas en dos grupos, cabe destacarse las figuras de dicción y las figuras de pensamiento. Sigue leyendo Las figuras literarias

Semiótica y procedimientos lingüísticos

El estudio de los signos en la vida social constituye un campo interpretativo muy versátil desde tiempos inmemoriales. Un signo se define como objeto, fenómeno o acción material que, por su naturaleza o convención, representa o sustituye a otro. La semiótica es la ciencia encargada de estudiar, cuantificar y ponderar los muy diversos signos en nuestro mundo.

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El abandono de la narrativa infantil

En nuestra aparente novedosa sociedad, repleta de tecnología y posibilidades sin límites, hemos olvidado un hecho inexorable, algo que comienza a asumirse como ausente desde todo punto de vista. Hablo de la infancia, de ese periodo fantástico y necesariamente maravilloso donde vamos a asentar el devenir de toda persona.

Pudiera parecer que los niños ya no existen, o al menos que no importan en absoluto. Fabricamos vehículos, aeronaves, centrales atómicas, lanzaderas espaciales, relojes parlantes, calculadoras científicas, tejidos ignífugos, fibra óptica, mandos a distancia, ordenadores miniaturizados. De todo, vamos. Quizá, mientras estamos ocupados diseñando maravillas y proyectos de futuro, hemos dejado atrás la mera simplicidad que siempre resulta fascinante y ahora denominamos minimalista. Sigue leyendo El abandono de la narrativa infantil

La narrativa a principios del siglo XXI

Un planteamiento generacional debe entenderse como el conjunto de personas que, habiendo nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, adoptan una actitud en cierto modo común en el ámbito del pensamiento o de la creación.

En primera instancia, lo anterior pudiera parecer algo específico a tenor de otros grupos precursores motivados por las artes en general. Algo común, en cierto modo o manera, nos llega impuesto por la diversidad, casi innumerable, de sensaciones y sucesos que trascurren en nuestro derredor y modulan el basamento cultural del individuo.

Siempre con referencias pretéritas, ahora vemos que la generación a fecha del presente no parece tener un ámbito común en cualquier sentido; existe no ya la pluralidad, sino una inquietante divergencia que ensalza lo individual y cercena por completo el concepto de grupo.

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El español. Idioma inigualable.

La defensa de este idioma, que como por casualidad viene a ser el mío materno, no nace ni surge por razones patrióticas, al menos no exclusivamente por ello. Es cierto que los españoles, desgraciadamente, solemos desdeñar lo propio mientras admiramos lo ajeno. Ensalzamos tierras o regiones extranjeras forjándonos una imagen distorsionada de la realidad. Estimo que todos los rincones del mundo tienen su encanto y atractivo; la geografía universal es ciertamente maravillosa, pero en ella debemos incluir la nuestra.

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Juan Carlos Onetti. Decálogo más uno

En numerosas ocasiones he mencionado al uruguayo Juan Carlos Onetti. No puedo encubrir mi supina admiración por el, sin duda, más grande y genial autor del siglo XX. Quizá pueda resultar exagerada tal consideración, pero aun a riesgo de pecar por el mayor extremo, prefiero arriesgarme luego de haber leído, releído y estudiado su obra durante más de veinte años. Confieso que siempre digo lo mismo: «quien no ha leído a Onetti jamás podrá ser amigo o amiga mía». Reprobaba que le llamaran maestro, es curioso, pero lo ha sido para todos los autores y lectores que a bien tienen bucear en su inmensa trayectoria narrativa.

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Docentes y alumnos

Siempre se ha dicho que una persona va a la escuela para aprender a leer y escribir. Era antaño una convicción por parte de los progenitores, entendiendo que el lenguaje resulta imprescindible y vital para poder expresar ideas y comprender otras ajenas a nosotros mismos. Se decía esto con agrado, afablemente, animando al chiquitín con entusiasmo, orgullo y satisfacción. En aquel entonces, y no hablo de la Edad Media sino del siglo XX, el alumno portaba una cartera con el libro de texto y el respetado cuaderno donde hacía los deberes: dictados, ejercicios de redacción, copiados, operaciones aritméticas y muy poco más. Leer en voz alta, uno a uno, de pie, con claridad para que todos sus compañeros le entendieran, enseñándole a declamar con una sencillez encomiable. Leer un texto, de Pérez Galdós, por ejemplo, respetando las comas, los puntos y comas, las frases entre paréntesis, el punto y seguido, el punto y aparte, el punto final.

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Los vulgarismos en la narrativa

Hace ya tiempo, tuve la extraña ocasión de leer una novela de antemano polémica: “Menos que cero” (Less Than Zero), del escritor estadounidense Bret Easton Ellis. A tenor del contexto sociológico donde habita su autor, llegué a preguntarme cómo era posible encontrar tanto vulgarismo en las altas esferas de la sociedad angelina. Y más aún, si esta jerga repelente era real o insertada en la historia deliberadamente. Al margen de su calidad, que por cierto no tiene ninguna, la historia, narrada en primera persona, nos presenta a Clay, un joven de dieciocho años que regresa a su domicilio para disfrutar de las vacaciones navideñas. Allí se reúne con su ex novia Blair y se ve envuelto en un cúmulo de situaciones de abuso: consumo de drogas, fiestas y reencuentros con sus antiguos amigos.

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El mito de los escritores afamados

El porteño Jorge Luis Borges dice, con razón, que la fama sólo es aceptable para los cigarrillos, vehículos y electrodomésticos, pero nunca para una persona. Famoso es el papel higiénico, los zapatos, las sábanas y mantas, incluso los lápices y las hamburguesas. Quizá la pura mediocridad tenga ambiciones de fama, cuando, por el contrario, la excelencia transcurre en silencio y es reconocida siglos después de que se produzca. En pleno siglo XXI vemos cómo merced a la disparatada divulgación de un autor, su obra nos aparece hasta en la sopa, otra famosa para la nomenclatura.

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Los géneros narrativos. La novela

De carácter abierto, destaca su capacidad para contener elementos diversos en un relato complejo. Permite integrar personajes disímiles que se confrontan en líneas subordinadas o directas, logrando una escenografía sobradamente amplia y densa para lograr su paralelismo con la realidad. Surgen, pues, historias cruzadas, a veces supeditadas unas a otras, presenta hechos en un orden distinto en el que se produjeron, y admite incluir textos de diferente naturaleza entre ellos, tales como cartas, leyendas, poemas, canciones, citas, refranes, y todo esto otorga a la novela una mayor pluralidad que los géneros predecesores.

Por definición, novela es una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

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Los géneros narrativos. El cuento

La literatura debió comenzar, al igual que la música, con improvisaciones fantásticas y orales, aportando una atmósfera inusitada y creíble siempre a tenor del oyente. Es oportuno segregar el matiz de «fantasía» contra o frente al término «invención», siendo éste último un adjetivo de ámbito más despectivo y próximo a la mentira o el engaño. Dado que la semántica del género es muy amplia, y por ende éste controvertido, debemos aceptar la definición primera de la RAE que lo especifica como una narración breve de ficción. El término genérico parece no centrarse concretamente en la dimensión que el cuento ocupa en la narrativa, pues nos referimos al mismo pronombre con diversas alusiones muy divergentes entre sí.

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Los géneros narrativos. El relato

No hay una específica definición de este género a tenor de su magnitud, hablando siempre tanto extensiva como intensivamente. Relatar, por definición, es dar a conocer un hecho empleando no muchas palabras. La prosa comienza y concluye con el relato, un género sobradamente conocido en el ámbito narrativo. Es oportuno diferenciar este género del cuento, ya que el segundo implica una estructura más extensa donde cabe hablar de exposición, nudo y desenlace, aunque no siempre en este orden.

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Sobre el libro electrónico. Precio y comodidad

Por aquello de que las palabras traducidas precisamente del inglés resultan absurdas, es oportuno matizar el desatinado concepto de libro electrónico. Sencillamente, tal cosa no existe. Electrónica: (1) Estudio y aplicación del comportamiento de los electrones en diversos medios, como el vacío, los gases y los semiconductores, sometidos a la acción de campos eléctricos y magnéticos. (2) Aplicación de estos fenómenos.

Me pregunto qué hace tal término en medio de todo esto, pero uno nunca sale de su particular asombro. Lo que conocemos hasta la fecha por soporte digital donde es posible leer un texto, sea el que sea, ha suscitado muchas polémicas tanto en contra como a favor, arguyendo los que apoyan este sistema su comodidad y ergonomía, mientras que los más conservadores ven un extraño artilugio, complejo y repleto de incomodidades.

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Tecnología y cultura

Fue Beethoven quien dijo: «Sólo el arte y la ciencia pueden salvar al hombre». Es curioso el orden de los términos si esto se analiza debidamente; arte y ciencia, no ciencia y arte. El genial compositor germano bien sabía de la necesidad social que ambas disciplinas significaban para la humanidad. Era artista y, curiosamente, por una otitis contraída durante el verano, luego de un baño refrescante donde no se puso ropa alguna, la infección otorrinolaringológica le haría perder el oído inexorablemente.

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El deporte como remedo de la cultura

Dicen que a falta de pan, buenas son las tortas. También que algo tendrá el agua cuando la bendicen. En cualquier caso no hablamos de panes, tortas, agua o bendiciones. De un modo u otro, porque la tensión acumulada requiere cierto esparcimiento, el deporte viene como sustituto de la cultura.

La afición, paradójicamente, suscita empeño y ahínco, cosa sobradamente obvia cuando se trata de asistir a un encuentro deportivo ya sea de una u otra clase. La pregunta parece, pues, obligatoria: ¿es necesario el deporte? Y más aún: ¿el deporte es cultura o algo remotamente parecido a ello?

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La sombra de las sabinas. Palabra desnuda

Novela de difícil encuadramiento, toma prestado la pérdida del tabú de las novelas chick lit, sin llegar a ser una novela erótica, y se configura como una obra con distintos niveles de lectura; desde el relato romántico que recae en algunos personajes, la denuncia de prácticas sociales reprobables, la moral y las perversiones humanas, todo ello en un marco atemporal y de una ubicación dudosa y ambigua. Y sin dudarlo, definir La sombra de las sabinas como una novela polémica del tipo Lolita de Nabocov pero con mayor carga existencial y descriptiva. Al enfrentarnos a una novela de este escritor murciano que nadie piense en encontrar un reflejo de la sociedad española actual, Micol transciende en ofrecernos la mirada que fotografía con elegancia la universal sociedad occidental; un arquetipo de decadencia y angustia que nos hace creer sin salida, y con un componente audaz para intentar escandalizarnos ―a buen seguro que lo conseguirá en bastantes lectores―.

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El arte en la cultura. La columna de Francisco Micol

Debemos aceptar el hecho de que el arte constituye una de las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible acerca del mundo, ya sea real o imaginario. Merced a los recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, el arte permite expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones. La clasificación utilizada en la antigua Grecia incluía seis disciplinas dentro del arte, a saber: arquitectura, danza, escultura, música, pintura y poesía (literatura). Más adelante, habrían de incluirse otras actividades que en general constituyen una variación plástica de las ya mencionadas. Y así tenemos la cinematografía (como expansión del arte escénico), la fotografía (siendo considerada expansión de la pintura) y la historieta, un puente, en realidad, entre la pintura y la cinematografía.

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Novedades Amarante. Abril coronado por el Día del Libro

Las últimas novedades abril-2015 de Amarante en las colecciones: Narrativa, Novela Negra y Poesía. Un derroche de calidad literaria y de buenos escritores, alguno escritor de la casa con nuevo libro como es el caso de Francisco Micol. Para los que aún no se han familiarizado con nuestro catálogo, aquí tienen un buen resumen de lo que acaba de ver la luz. Si el mes de abril se coronaba con el Día del Libro, la gran fiesta del sector, mayo nos espera cargado de novedades, presentaciones y eventos; un mes en el que confluyen la mayoría de Ferias del Libro, y en muchas de ellas Amarante tendrá presencia con algunos de sus autores.

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El drama del teatro. La columna de Francisco Micol

Los tres pilares de la literatura están constituidos por la narrativa, la poesía y el teatro. Es cierto y también triste que sólo prevalezca, aunque de una manera ciertamente precaria, el primero: la narrativa. En los últimos años, con esfuerzos casi inenarrables, hemos visto un medroso resurgir de la poética, llegando ésta a figurar como poemarios en los expositores de las librerías. Mi pregunta, cuya respuesta es un silencio de antemano, versa en saber dónde está la dramaturgia contemporánea.

El teatro ya no existe, así de lamentable

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El dilema de las editoriales. La columna de Francisco Micol.

La vieja y lamentable historia de los grupos editoriales no empezó ayer ni tampoco hace veinte, treinta o cien años. La idea inicial, vamos a ella, parece lógica y hasta coherente. El cometido de una editorial que se precie de serlo, versa en sacar a la luz aquellos manuscritos que desde una óptica más bien subjetiva merezcan ser editados. Es decir, se convierten tales empresas en juez, jurado y verdugo. Supuestamente amantes del arte escrito, los editores, que hay muchos y muy pocos respetables, deciden, al mejor estilo de un cónclave cardenalicio, qué obras serán editadas bajo su solemne, dudoso sello, y qué otras no merecen ni ser leídas.

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Cultura, letras y sociedad. La columna de Francisco Micol

“La gozosa armonía de la denominada convivencia empieza y termina con la cultura”

 

“A mayor ignorancia, tanto colectiva como personal, más fácil será la dilución humana y sus infinitos valores”

Hay dos factores decisivos en la interrelación humana que Arthur Schopenhauer nos explica de forma expresa en su obra El mundo como voluntad y representación. Básicamente se trata de estudiar cómo el individuo influye en la sociedad y, por ende, cómo la sociedad incita al individuo.

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Francisco Micol, escritor a descubrir

No deja a nadie indiferente, por la personal y elegante forma de contar historias. Sus palabras nos remueven en la butaca cuando descubrimos entre la narración algunos aspectos del hombre que preferimos olvidar, o no queremos admitir porque socava nuestros cimientos acaso caducos. La belleza por encima de todo, incluso si hay misterio y pasión, pero con una carga existencialista muy de agradecer en estos tiempos de literatura hueca.
A Francisco F. Micol es fácil reconocerlo, un nuevo Proust revestido en ocasiones de Onetti pero con el viento murciano en la pluma, allá escondido entre naranjos. Escritor de la pequeña burguesía, o de la grande, con sus bondades y miserias. Pero hombre cercano y erudito, gran conocedor de la literatura española moderna, y novelista a descubrir, fuera de los circuitos ortodoxos.
Editorial Amarante publicará y reeditará la mayor parte de su obra. Ya han visto la luz El galeno y la infamia e Historia para una fotografía, y de inminente aparición La sombra de las sabinas.

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