“La muerte en Venecia” y su reprochable interpretación

Thomas Mann, (Lübeck, Imperio alemán, 6 de junio de 1875 – Zúrich, Suiza, 12 de agosto de 1955), ha sido mal, pésimamente interpretado, por esa ralea de pseudointelectuales que nunca supieron filosofía ni desde luego literatura. Para consuelo del tropezón, Mann no será el único en la Historia de la narrativa que sufre las deplorables consecuencias de una voz imbécil alentando a otras más estúpidas todavía.

Der Tod in Venedig (“La muerte en Venecia”), es una novela breve escrita por Mann en 1912. Dado su matiz de nouvelle, la lectura se realiza con excesiva facilidad, dejando los complejos resortes de la misma a una dudosa censura por parte de los necios lectores y no mucho después a la repugnante voz de críticos que fracasaron como autores.

Mann, ya digo, no será el único, por desgracia, malinterpretado por los colectivos que presumen de conocer su obra y hasta el perfil psicológico del genial autor. Sigue leyendo “La muerte en Venecia” y su reprochable interpretación

Los sirvientes de la cibernética

El progreso siempre resulta sugerente, no lo vamos a negar. De alumbrarnos con velas, candiles y quinqués, a disfrutar de la lámpara incandescente, y luego los tubos con gases, como el neón, hasta llegar a los diodos emisores de luz, lo último de nuestro presente.

Las mejoras en cualquier ámbito empiezan a ser necesidad y no precisamente un capricho o un lujo. Todo ello al servicio de nuestras necesidades, se comprende. En una reflexión más profunda, podemos observar cómo la cibernética (control y comunicación en el animal y en la máquina) empaña nuestro día a día muy peligrosamente.

De la comodidad al ocio pasivo hay un largo trecho, el mismo que existe entre la creación y el aniquilamiento de toda idea. Las máquinas no pueden pensar, tengámoslo en cuenta. Y mucho menos inventar. El término proviene del francés y a su vez del inglés, aunque su raíz nace del griego y significa, literalmente, arte de gobernar una nave. Sigue leyendo Los sirvientes de la cibernética

La narrativa a principios del siglo XXI

Un planteamiento generacional debe entenderse como el conjunto de personas que, habiendo nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, adoptan una actitud en cierto modo común en el ámbito del pensamiento o de la creación.

En primera instancia, lo anterior pudiera parecer algo específico a tenor de otros grupos precursores motivados por las artes en general. Algo común, en cierto modo o manera, nos llega impuesto por la diversidad, casi innumerable, de sensaciones y sucesos que trascurren en nuestro derredor y modulan el basamento cultural del individuo.

Siempre con referencias pretéritas, ahora vemos que la generación a fecha del presente no parece tener un ámbito común en cualquier sentido; existe no ya la pluralidad, sino una inquietante divergencia que ensalza lo individual y cercena por completo el concepto de grupo.

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Juan Carlos Onetti. Decálogo más uno

En numerosas ocasiones he mencionado al uruguayo Juan Carlos Onetti. No puedo encubrir mi supina admiración por el, sin duda, más grande y genial autor del siglo XX. Quizá pueda resultar exagerada tal consideración, pero aun a riesgo de pecar por el mayor extremo, prefiero arriesgarme luego de haber leído, releído y estudiado su obra durante más de veinte años. Confieso que siempre digo lo mismo: «quien no ha leído a Onetti jamás podrá ser amigo o amiga mía». Reprobaba que le llamaran maestro, es curioso, pero lo ha sido para todos los autores y lectores que a bien tienen bucear en su inmensa trayectoria narrativa.

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Los géneros narrativos. La novela

De carácter abierto, destaca su capacidad para contener elementos diversos en un relato complejo. Permite integrar personajes disímiles que se confrontan en líneas subordinadas o directas, logrando una escenografía sobradamente amplia y densa para lograr su paralelismo con la realidad. Surgen, pues, historias cruzadas, a veces supeditadas unas a otras, presenta hechos en un orden distinto en el que se produjeron, y admite incluir textos de diferente naturaleza entre ellos, tales como cartas, leyendas, poemas, canciones, citas, refranes, y todo esto otorga a la novela una mayor pluralidad que los géneros predecesores.

Por definición, novela es una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres.

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Los géneros narrativos. El cuento

La literatura debió comenzar, al igual que la música, con improvisaciones fantásticas y orales, aportando una atmósfera inusitada y creíble siempre a tenor del oyente. Es oportuno segregar el matiz de «fantasía» contra o frente al término «invención», siendo éste último un adjetivo de ámbito más despectivo y próximo a la mentira o el engaño. Dado que la semántica del género es muy amplia, y por ende éste controvertido, debemos aceptar la definición primera de la RAE que lo especifica como una narración breve de ficción. El término genérico parece no centrarse concretamente en la dimensión que el cuento ocupa en la narrativa, pues nos referimos al mismo pronombre con diversas alusiones muy divergentes entre sí.

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Tecnología y cultura

Fue Beethoven quien dijo: «Sólo el arte y la ciencia pueden salvar al hombre». Es curioso el orden de los términos si esto se analiza debidamente; arte y ciencia, no ciencia y arte. El genial compositor germano bien sabía de la necesidad social que ambas disciplinas significaban para la humanidad. Era artista y, curiosamente, por una otitis contraída durante el verano, luego de un baño refrescante donde no se puso ropa alguna, la infección otorrinolaringológica le haría perder el oído inexorablemente.

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Francisco Micol, escritor a descubrir

No deja a nadie indiferente, por la personal y elegante forma de contar historias. Sus palabras nos remueven en la butaca cuando descubrimos entre la narración algunos aspectos del hombre que preferimos olvidar, o no queremos admitir porque socava nuestros cimientos acaso caducos. La belleza por encima de todo, incluso si hay misterio y pasión, pero con una carga existencialista muy de agradecer en estos tiempos de literatura hueca.
A Francisco F. Micol es fácil reconocerlo, un nuevo Proust revestido en ocasiones de Onetti pero con el viento murciano en la pluma, allá escondido entre naranjos. Escritor de la pequeña burguesía, o de la grande, con sus bondades y miserias. Pero hombre cercano y erudito, gran conocedor de la literatura española moderna, y novelista a descubrir, fuera de los circuitos ortodoxos.
Editorial Amarante publicará y reeditará la mayor parte de su obra. Ya han visto la luz El galeno y la infamia e Historia para una fotografía, y de inminente aparición La sombra de las sabinas.

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