Mujeres
Opinión Redactores Teresa Álvarez Olías

Marzo

Es marzo y hablamos de mujeres inevitablemente. Hablamos de que son precisas la corresponsabilidad práctica y total de los varones y la conciliación con los horarios laborales.

Es marzo y hablamos de mujeres inevitablemente. Hablamos de que son precisas:

  1. la corresponsabilidad práctica y total de los varones en las tareas domésticas, sean cuales sean las que cada ama de casa realice y
  2. la conciliación con los horarios laborales para poder educar a sus hijos, a los hijos que son seres amados y comunes de la pareja y a la vez ciudadanos de un estado que los necesita.

La vida de las mujeres es familiar, profesional y social. La exigencia profesional en nuestros días, para los empleos precarios que se ofrecen, es dura y extrema no sólo para administrativas, limpiadoras, campesinas o dependientas-cajeras, sino también para científicas, escritoras, artistas, empresarias, comerciales, directoras de cine, profesores y sanitarias, entre otros perfiles laborales. El empleo es un bien escaso y para nosotras está peor pagado y se encuentra con menos frecuencia. Nuestros currículums se solapan para puestos de trabajo de alto nivel o directivos e inundan los de salarios y categorías más bajas.

Pero como trabajadora cierras los ojos y dejas a tus hijos en la guardería o en el colegio, masticando esa peculiar sensación de creerte mala madre o mala profesional alguna vez al día. Aunque la mente siempre está inquieta y echa de menos hijos cuando no eres madre y salario cuando haces la compra para tus hijos. A ti te toca tejer este encaje de fuerzas opuestas con la serenidad de ánimo que puedas permitirte.

Ante la falta de apoyo a la madre trabajadora, muchas mujeres españolas, la mayoría, retrasan cuanto pueden su maternidad, o la descartan, lo que no parece preocupar ni poco ni mucho a nadie y otras muchas, si pueden, se incorporan al empleo cuando sus hijos dejan de ser adolescentes. Los eventos culturales se llenan así de mujeres maduras con ansia por saber, por recuperar y por aprender.

Admitamos también, en términos económicos, que las mujeres representan la mitad del talento de nuestro país, la mitad del PIB, la mitad de los artistas, ni una décima menos, y sin embargo en la riqueza, las obligaciones familiares y la dirección de las empresas e instituciones suponen mucho menos que la mitad.

Descendiendo a la vida cotidiana, las mujeres pedimos, cada mes de marzo y cada día al estado un salario y pensión dignos, suficientes para sobrevivir y un respeto a nuestra existencia a los compañeros de trabajo o vida. Parándonos a pensar, somos conscientes de nuestro sentido común, constancia, mano izquierda y paciencia, propias de seres acostumbrados a existir en un segundo plano, cuando no en una marginación completa.

En el plano literario es ingente y sutil la labor que la escritura desarrolla para salvar este abandono y desigualdad de la mayoría de la población, pues la novela y desde luego la poesía, el teatro y también los artículos imprimen carácter, describen escenarios y derriban prejuicios. Las escritoras y los escritores, claro que sí, pueden y deben describir mundos de héroes y heroínas, cuentos de princesas que escapan del castillo antes de que ningún príncipe las rescate o las engañe, poemas donde las protagonistas aman activamente, familias donde la matriarca sea el hilo conductor. Vanguardias, lectores y editoriales de nuevo cuño pueden beneficiarse de esta nueva forma de narrar e interpretar el amor, la desdicha, las relaciones humanas e incluso el sexo o el crecimiento personal.

De todos los avances de nuestra época, quiero destacar la formación de las mujeres, en su faceta primaria, esto es, la educación obligatoria que acabó con la analfabetización femenina y permitió no desperdiciar su inteligencia. Ni siquiera puedo imaginar el aburrimiento y la desazón de chicas, de madres, de ancianas que antes no pudieran comprender los prospectos de las medicinas, las cartas de sus novios, el testamento de sus padres o las notas de recomendación de sus empleadores. Educaban a niños y seguían los preceptos religiosos sin descifrar la letra escrita, sin conocer el relato de Cervantes, de Molière, de Shakespeare… de Jane Austen, de Rosalía de Castro, de Emilia Pardo Bazán, o de Marguerite Duras.

La vida y la literatura interactúan formando iconos, influencers y paradigmas que tardan en demoler estigmas tan enraizados como el machismo o la supremacía de la raza blanca anglosajona, tan duros como la trata de mujeres o la violencia contra ellas, pero que marcan el camino. Así, numerosos autores, de éxito hay que recalcar, exponen argumentos donde las protagonistas son ellas, donde la guerra, la lucha contra el crimen, la experiencia en el amor, o la ambición, circunstancias masculinas por antonomasia históricamente, son abordadas en femenino, porque las mujeres leemos libros, los compramos los escribimos y conformamos un mercado muy valioso.

A eso vamos, al éxito social, al ranking de ventas en libros de ficción, donde las escritoras dominan el top ten de las mayores librerías, abordando la novela negra, la romántica o la histórica con un desparpajo avasallador. Ellas venden libros y ellas los leen en casa, en la playa, en el tren y hasta en la cabecera de la cuna. Los escuchan cuando cocinan, cuando corren, cuando se duchan. Los escriben de noche y de día, cuando están en paro, cuando están embarazadas, cuando sufren de amores o de bullying y por supuesto cuando la felicidad las embarga, por lo que trasladan todo su corazón y su mente a la palabra.

Es de reseñar, por otra parte, en el imaginario colectivo de nuestro país la influencia de las cantantes como Rozalén, Rosalía, Aitana o Amaia Romero y también la influencia universal de Beyoncé, Madonna, Lady Gaga o Miley Cyrus, asunto impensable solo dos siglos atrás.

Finalmente, leamos a las escritoras que han conseguido Premios Nobel de literatura para deleitarnos con la fuerza de sus obras. Algunas de ella son: Pearl S. Buck, estadounidense, Nobel de 1.938, Gabriela Mistral, chilena, Nobel de 1.945, Doris Lessing, británica, Nobel de 2007, Herta Müller, rumana y alemana, Nobel de 2009, Alice Munro, canadiense, Nobel de 2013 y Olga Tokarczuk, polaca, Nobel de 2018.

Quiero destacar el mérito de Malala Yousafzai, pakistaní, Premio Nobel de la paz en 2014 a los 17 años, por su lucha contra la represión de la infancia y la adolescencia, y por el derecho de todos los niños y niñas a la educación, que le valió un atentado terrorista que casi acabó con su vida.​

En fin, en estos días de marzo acordémonos de la sensibilidad, del trabajo, de la inteligencia y las reivindicaciones de la mitad de nuestra especie.

Teresa Álvarez Olías

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