Francisco F. Micol

Los géneros narrativos. El cuento

La literatura debió comenzar, al igual que la música, con improvisaciones fantásticas y orales, aportando una atmósfera inusitada y creíble siempre a tenor del oyente. Es oportuno segregar el matiz de «fantasía» contra o frente al término «invención», siendo éste último un adjetivo de ámbito más despectivo y próximo a la mentira o el engaño. Dado que la semántica del género es muy amplia, y por ende éste controvertido, debemos aceptar la definición primera de la RAE que lo especifica como una narración breve de ficción. El término genérico parece no centrarse concretamente en la dimensión que el cuento ocupa en la narrativa, pues nos referimos al mismo pronombre con diversas alusiones muy divergentes entre sí.

Este género puede dar cuenta de hechos reales o fantásticos pero siempre partiendo de la base de ser un acto de ficción, o mezcla de ficción con hechos reales y personajes existentes. Según Julio Cortázar, el cuento se determina por su impacto, mientras que la novela lo hace por su atmósfera. Es decir, el cuento recrea situaciones y la novela mundos y personajes con su psicología y caracteres.

El poeta Dámaso Alonso concretó el género al definirlo como «un poema en prosa al que no le falta de nada para seducirnos». Y esto es evidente. Al referirnos a este hermoso y conmovedor género, ya no hacemos referencia a una línea argumental imprecisa, donde la sensación aportada es un objetivo claramente plausible. El cuento es una novela en miniatura no exenta de tintes poéticos, dramáticos y hasta terroríficos. Como narración, sin olvidar los clásicos como precedentes del género, constituye un microcosmos repleto de colores que nos conduce por igual a paraísos de ensueño como a infiernos atronadores. Bajo un prisma académico, y no por ello desacertado, el cuento contiene exposición, nudo y desenlace.

La narrativa contemporánea ha buceado y no poco en este género que todos o casi hemos disfrutado de niños. Es oportuno centrarnos en el mismo para evitar las posibles similitudes con la novela breve, género del que ya hablaremos más adelante.

El cuento es un matraz esférico, de mayor o menor tamaño, donde es posible abordar cualquier tema y su consiguiente desarrollo. El orden de su estructura ha logrado dimensiones sobrecogedoras en manos de grandes escritores, haciendo de este género lo que a la música pueda ser el preludio, la rapsodia o las hojas de álbum.

Desde la Edad Media con Bocaccio (El Decamerón) pasando por Charles Perrault (La bella durmiente, Caperucita roja) y el danés Hans Christian Andersen (La sirenita, El patito feo), sin olvidar a los hermanos Grimm, estudiosos germanos que habrían de recopilar un gran número y variedad de cuentos tradicionales (Juan sin miedo, El satrecillo valiente), el género ha ido evolucionando hasta consolidarse como un medio narrativo con identidad y derecho propio. Por la variedad de su temática, no debemos incurrir en el error de considerar exclusiva su tonalidad infantil o de fábula, pues si bien es cierto que esta faceta ha colmado con creces el mundo de los niños, también es indiscutible que con otros enfoques logra ahondar en terrenos tan densos como inexplorados por otros géneros mayores.

En España tenemos una cuna de escritores que logran con el cuento su máximo exponente hasta la consideración de universalidad literaria. Y vamos a hacer un repaso de todos ellos antes de entrar en los autores contemporáneos.

En el siglo XIV emerge el príncipe don Juan Manuel con su implacable obra El conde Lucanor; en el XIX cabe destacar autores tales como Pedro Antonio de Alarcón, Gustavo Adolfo Bécquer, José María Matheu Aybar y Pedro Escamilla; ya en el XX es muy considerable en número de autores que hacen del cuento su herramienta favorita, y destaco a Ignacio Aldecoa, Manuel Mantero, José Luis Martín Descalzo, reverendo, Jesús Ortega y José María Pemán.

Traspasando fronteras, el género va engrosando su dimensión literaria hasta establecerse como una obligación por parte de todos los narradores que habrán de cultivarlo más allá de los límites iniciales.

mil y una nocheAlice Munro (Canadá; Las lunas de Júpiter); Ambrose Bierce (EE.UU; Muerto en resaca); Antón Chéjov (Rusia; La dama del perrito);  Charles Bukowski (Alemania; La chica más guapa de la ciudad);  Charles Perrault (Francia; El gato con botas);  Edgar Allan Poe (EE.UU; El hundimiento de la casa Usher); Ernest Hemingway (EE.UU; Los asesinos): Francis Scott Fitzgerald (EE.UU; Berenice se corta el pelo); Franz Kafka (Checoslovaquia; El artista del trapecio); Gabriel García Márquez (Colombia; Ojos de perro azul).

Pero innegablemente, los más excelsos autores del género son rioplatenses, y en concreto Jorge Luis Borges y el más hermético pero apabullantemente intenso Juan Carlos Onetti.

Casi es un pecado ignorar este género en pro de otros. El cuento y sus ilimitadas temáticas deben reaparecer en nuestro contexto cultural, pues con el mismo vamos a conocer las grandes fantasías del pasado y cómo evoluciona en manos de unos y otros para ir concretándose en nuestro presente.

No desearía dejar en el tintero, a tenor de lo ya dicho, algunos cuentos que merecen estudio y desde luego lectura. Por ello menciono Las mil y una noches como monumento de origen árabe, repletos de una poética y trascendencia más que encomiables. Y del siglo IX nos vamos al XX con Arthur C. Clarke y sus Cuentos de la taberna del ciervo blanco.

Parece obligatorio exhumar este género cuando se trata de forjarse como autor y desde luego absolutamente recomendable a todos los lectores que aspiran a saborear las grandes obras de la literatura universal.

El cuento fue, es y será un género tan maravilloso como intenso, el gran preludio de todos los autores y lectores.

Francisco F. Micol

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